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Agresividad en los perros

 

Existen distintos tipos de agresividad en los perros domésticos. Es importante reconocer cada una de ellas para saber qué opción de tratamiento es la más apropiada para tu perro.

La agresividad en los perros es cualquier comportamiento destinado a intimidar a un supuesto adversario, ya sea una persona o un animal. Puede tratarse de un ataque directo, pero hay también otras formas más sutiles, como mostrar los dientes, gruñir, ladrar mirando directamente a los ojos, una mirada con actitud amenazante, o pequeños mordiscos.

Los perros, así como los lobos, tienen un lenguaje corporal muy rico que les ayuda a comunicarse y es muy útil para evitar peleas en el grupo. La mayoría de las veces las agresiones hacia las personas se producen porque nosotros no entendemos este lenguaje y tomamos actitudes que, aunque bien intencionadas, atemorizan o amenazan a los perros.

Así como existen varias formas de agresividad, también hay muchas causas que dan distintos tipos característicos de este comportamiento:

- Agresión por dominancia: en una manada es muy importante tener un orden jerárquico entre sus miembros. Esto ayuda a evitar conflictos y a que el grupo funcione como un todo, con tareas específicas a cada individuo según su posición en la escala social. Cuando un perro convive con un grupo de personas, como una familia, su instinto lo lleva a establecer también allí una jerarquía. Casi siempre aceptará a las personas en un rango superior a él y se mostrará obediente, sumiso y tendrá deseos de agradar y seguir a sus amos. Sin embargo hay perros con personalidad más dominante. Estos intentarán ubicarse más alto en la escala, lo que se logra con demostraciones de poder que incluyen el lenguaje corporal que ya mencionamos y las agresiones. Estos perros suelen comportarse bien mientras no sientan que han sido desafiados en su status; el problema es que pueden tomar como amenaza que intentes quitarlo del sofá, que quieras tocar su cabeza repentinamente o que lo abraces sin previo aviso. Los golpes y castigos no hacen más que empeorar la situación, porque crean una escalada de agresividad que el perro responderá mientras pueda y pueden terminar en un ataque feroz.

En este tipo de agresión es muy importante conocer los signos y el lenguaje corporal, porque se requiere un dueño que no se atemorice y sepa demostrar dominancia sobre el perro sin llegar a la agresión física. Estos animales no son buenas mascotas para un hogar con niños o personas inexpertas en el manejo de los perros. Esto, por supuesto, no quiere decir que hay que sacrificarlo; puedes recurrir a tu veterinario o a alguna sociedad protectora que te ayude a reubicarlo en un hogar más apropiado. Si decides conservarlo, lo más aconsejable es buscar la ayuda de un adiestrador o un especialista en comportamiento que te enseñe como manejarlo sin riesgos.

Cabe destacar que un perro de cualquier raza puede pertenecer a este grupo. No solo los de razas grandes, sino también un Pinscher o un Caniche. Estos perritos no se encuentran en las listas de razas potencialmente peligrosas solamente porque por su tamaño no representan una seria amenaza para las personas, pero pueden llegar a ser unos pequeños tiranos que después de un tiempo habrán mordido a todos los miembros de la familia.

- Agresión por miedo: esta es una forma de defensa ejercida por un perro que se siente atemorizado por algo. Esto se puede ver cuando se les toca una herida que les duele, por ejemplo. Pero también hay perros excesivamente miedosos que se sienten amenazados por movimientos bruscos, por gritos o porque levantas la mano para lanzar una pelota. Recuerda que lo importante no es tu intención, si no lo que el animal percibe. Estos perros suelen ocultarse cuando llega alguien a la casa, caminan muy pegados a sus dueños, con ojos nerviosos que miran en todas direcciones y las orejas bajas. También pueden ladrar excesivamente cuando alguien se aproxima. Si intentas acariciar a un perro en esta actitud, es muy posible que recibas un mordisco.

Estos perros deben ser tratados con mucha suavidad, hay que darles tiempo para que se habitúen a un lugar o persona nueva. No hay que tocarlos hasta que hayan superado la desconfianza inicial. El adiestramiento ayuda mucho a darles confianza, pero jamás se deben usar golpes, gritos, tirones fuertes de la correa y no hay que perder la paciencia frente a ellos. Únicamente el adiestramiento positivo con recompensas, como el que se practica con el clicker, beneficiará a este tipo de perros.

- Agresión defensiva: incluye la defensa de un territorio, de una persona, de cachorros o de objetos. El perro muestra los dientes, gruñe o ataca a personas o perros para proteger algo que considera suyo. Fuera de estas situaciones el animal puede ser muy amigable. Este tipo de perros constituyen buenos defensores del hogar o de las personas de la familia, pero es importante adiestrarlos en obediencia (¡jamás en ataque!) para tener un buen control sobre ellos y que puedan ser una buena mascota para la familia. De este modo se evita también que desarrollen una personalidad muy dominante dentro del hogar. Si han tomado uno de tus zapatos y no lo quieren devolver, es mejor cambiarlo por algo más atractivo, como comida, en vez de quitárselo por la fuerza.

- Agresión redirigida: esta forma se da cuando la intención es atacar a un tercero al que no se puede alcanzar, entonces la agresión se traslada hacia otro individuo más cercano. Un ejemplo claro es cuando dos perros que conviven se excitan ladrando a otro que pasa por la calle y, repentinamente, empiezan a pelear entre ellos como una forma de descarga. También puede resultar en un mordisco a una persona si ella interviene para coger al perro justo en ese momento. Esta agresión no corresponde en general a un tipo de personalidad, sino que se da en situaciones particulares, por lo tanto no constituye un problema para la convivencia. Solamente hay que evitar tocar a un perro que está visiblemente alterado; es mejor intentar llamar su atención con la voz o con una pelota, por ejemplo.

Si tu perro demuestra agresividad de cualquier tipo, consulta con tu veterinario para que te recomiende a un especialista en comportamiento o a un adiestrador para que te enseñe a reconocer las señales de ira, de miedo o de agresión próxima, además de aplicar las técnicas de corrección que sean más apropiadas para cada perro. Hay muchos modos de encarar el problema de la agresión, pero se requiere entrenamiento y experiencia para saber cuál será la más adecuada para cada caso particular. No se recomienda que intentes nada sin ayuda profesional, pues podrías resultar lastimado o empeorar aún más la situación. En algunos casos la castración ayuda mucho a disminuir la agresividad, especialmente en los casos de dominancia o territorialidad. También se puede complementar el tratamiento con medicamentos del tipo de los ansiolíticos o a terapias más naturales como la homeopatía o las flores de Bach.

Escrito por Dra Isabel Iglesias
http://www.amordemascota.com/article214.html


Fuente : http://www.amordemascota.com Volver al listado de artículos


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